Cuando no hay alivio para tu pena

Cuenta la historia, en varias tradiciones, de un rey que..

Cuando no hay alivio para tu pena

Cuenta la historia, en varias tradiciones, de un rey que no podía aliviar su pena. Por mucho que lo intentaba -con los remedios preparados por sus médicos, el consejo ofrecido por sus sabios consejeros a siendo infeliz, y cada dia que pasaba su desánimo aumentaba.

Al borde de la desesperación, la corte decidió enviar mensajeros por todo el reino, prometiendo una recompensa al que fuera capaz de ayudar al rey.

Los mayores expertos llegaron a palacio e hicieron todo lo posible, pero sin éxito. Al cabo de unos días, se presentó en la puerta de palacio un anciano vestido con ropa de trabajo y dijo: «Soy granjero y estudioso de la naturaleza. He venido a ayudar al rey». El rey no necesita ayuda de tipos como usted!, le dijo despectivamente el consejero del rey. «Entonces esperaré hasta que quiera verme, respondió.

Cada día que pasaba, el estado del rey empeoraba. Se sentía triste e impotente y no veía fin a su sufrimiento. Finalmente cuando prácticamente se había perdido la esperanza, el consejero dejó entrar al anciano. Sin decir ni una abra, el hombre se acercó al rey, le entregó un sencillo anillo de madera y se fue.

El rey miró el anillo, leyó la inscripción que contenía y se lo puso en el dedo. Por primera vez en meses, sonrió. Qué pone, su majestad?», preguntó el consejero. Tres palabras únicamente, dijo el rey: Esto también pasa cuando te sientas infeliz, dite a ti mismo: «Esto también pasará».


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